El moho extremófilo amenaza las colecciones de los museos en todo el mundo

35

Una nueva e insidiosa amenaza está surgiendo en el mundo del arte y la preservación de artefactos: los mohos extremófilos. A diferencia de los hongos tradicionales que prosperan en condiciones húmedas, estas especies xerófilas prosperan en ambientes secos, aprovechando las medidas de control climático diseñadas para proteger las colecciones y convirtiéndolas en caldos de cultivo ideales. Los museos de toda Europa y más allá están luchando silenciosamente contra plagas que desafían los métodos convencionales, y las instituciones se muestran reticentes a reconocer el problema por temor a recortes de fondos y daños a su reputación.

El flagelo silencioso

Durante décadas, los curadores han confiado en el control de la humedad para proteger los artefactos contra la descomposición. Sin embargo, los investigadores están descubriendo que estas mismas medidas pueden estar fomentando un tipo diferente de invasión fúngica. Los mohos xerófilos, adaptados a condiciones duras como desiertos y paisajes volcánicos, ahora están consumiendo materiales del patrimonio cultural, desde pinturas en lienzo y muebles de madera hasta tapices e incluso estatuas de mármol. Estos organismos no sólo se alimentan de materia orgánica; pueden extraer nutrientes de la acumulación de polvo en las superficies, haciéndolas prácticamente indetectables hasta que se produzcan daños importantes.

Silencio institucional y encubrimientos

El problema se ve agravado por una cultura de secretismo dentro del mundo de los museos. Las instituciones a menudo suprimen los informes de infestaciones para evitar publicidad negativa, y los equipos de conservación juran guardar confidencialidad. Una encuesta realizada por el autor reveló que muchos museos importantes –incluidos el Louvre, el Museo Británico e incluso el Museo del Vaticano– ignoraron las preguntas o dieron respuestas evasivas. Este silencio surge del temor de que admitir problemas de moho ponga en peligro la financiación y las oportunidades de exhibición.

Cómo los xerófilos explotan los esfuerzos de conservación

Estos mohos, particularmente aquellos dentro del grupo Aspergillus sección restricti, prosperan en condiciones de baja humedad que matarían a la mayoría de los demás hongos. Crean sus propios microclimas al absorber la humedad de los cristales de sal, convirtiendo efectivamente los ambientes áridos en oasis para el crecimiento de hongos. Los sistemas de almacenamiento herméticos, como las estanterías compactas, exacerban el problema al atrapar estos organismos en ecosistemas autosostenibles.

Estudios de caso: De Dinamarca a Kyiv

Se han documentado casos de infestaciones de moho xerófilo en múltiples instituciones:

  • Dinamarca: Los conservadores del Museo de Roskilde descubrieron manchas blancas y brillantes en textiles que resistieron las pruebas convencionales, pero que luego fueron identificadas como especies de Aspergillus. El personal desarrolló síntomas parecidos a los de la gripe después de la exposición.
  • Italia: Las antiguas bibliotecas de Roma, Génova y Módena sufrieron infestaciones de manuscritos, y los mohos sobrevivieron en estanterías compactas con clima controlado.
  • Ucrania: Los frescos de la catedral de Santa Sofía en Kiev desarrollaron manchas marrones a pesar de décadas de control climático, lo que desconcertó a los investigadores hasta que el análisis molecular confirmó la presencia de hongos xerófilos.

El papel del cambio climático

El calentamiento global está acelerando la propagación de estos mohos extremófilos. Mientras que algunas regiones se vuelven más húmedas, otras se secan, lo que empuja a más especies al modo de supervivencia. A medida que los museos refuerzan los controles climáticos en respuesta a patrones climáticos erráticos, sin darse cuenta crean las condiciones perfectas para que estos resistentes hongos colonicen las colecciones.

El futuro de la preservación

Ha comenzado la carrera para comprender los límites de la vida xerófila e identificar los artefactos más vulnerables antes de que se produzcan más daños. Los investigadores están desarrollando nuevos métodos de prueba y medios fúngicos para detectar estos mohos, pero el desafío persiste: cómo proteger el patrimonio cultural de organismos que prosperan donde no deberían. Los museos deben enfrentar abiertamente esta amenaza emergente y colaborar con los micólogos para adaptar las estrategias de preservación antes de que se pierda más de nuestra historia compartida.

Las implicaciones son claras: las técnicas de conservación tradicionales ya no son suficientes. Un enfoque proactivo y basado en la ciencia es crucial para salvaguardar nuestro legado cultural de estos invasores implacables y adaptables.

попередня статтяAgotamiento docente: el sistema, no el individuo, está roto
наступна статтяLa anomalía de la lotería filipina: cómo las matemáticas revelan (y ocultan) el fraude