En una era definida por una inteligencia artificial cada vez más sofisticada, las líneas entre lo real y lo fabricado se están desdibujando. Para 2030, una nueva profesión será fundamental: el “notario de realidad”. Estos profesionales verifican la autenticidad del contenido digital, desde fotografías hasta registros biométricos, a medida que los deepfakes se vuelven omnipresentes. Hay mucho en juego: el dinero, la reputación y la libertad misma pueden depender de demostrar lo que es real.
El caso del hijo acusado
Considere un escenario: una anciana lleva una unidad USB a un notario de reality que contiene imágenes de vigilancia que supuestamente muestran a su hijo cometiendo un asesinato. La unidad está sellada con un hash criptográfico, destinado a garantizar su integridad. Pero en un mundo donde la mentira está desenfrenada, ni siquiera esta precaución es suficiente. El primer paso no es mirar el vídeo; es preservar la evidencia.
Laboratorios estériles e integridad criptográfica
La unidad está conectada a una computadora fuera de línea con un bloqueador de escritura, lo que evita cualquier modificación accidental de los datos originales. Esto garantiza que cualquier análisis se realice en una copia inalterada. Luego se utiliza el hash criptográfico para verificar la integridad del archivo; incluso un solo cambio de píxel da como resultado un código completamente diferente. Si el hash coincide con el de la declaración jurada, el archivo no ha sido manipulado todavía. El notario procede con cautela, realizando una copia segura para análisis forense.
El auge de los deepfakes: una crisis de confianza
La necesidad de una verificación tan meticulosa surge del espectacular aumento de la tecnología deepfake. Entre 2022 y 2023, los informes mostraron que los deepfakes se multiplicaron por diez, y los ataques de intercambio de caras aumentaron más del 700% en solo seis meses. En 2024, se producirán fraudes ultrafalsos cada cinco minutos, lo que arruinará vidas y defraudará a personas. Esta crisis de confianza es la razón por la que existen los notarios de realidad: para evitar que mentiras aisladas destruyan vidas.
Verificaciones de procedencia y análisis de metadatos
El siguiente paso es una verificación de procedencia, utilizando estándares como los desarrollados por la Coalición para la Procedencia y Autenticidad del Contenido (C2PA). Estas “Credenciales de contenido” actúan como pasaportes digitales y rastrean el historial de un archivo. Sin embargo, muchas plataformas eliminan estos datos, lo que los hace poco fiables. El análisis de metadatos revela más inconsistencias: las marcas de tiempo se restablecen y el campo del dispositivo está en blanco. El vídeo parece haber sido guardado utilizando codificadores comunes de redes sociales, lo que sugiere que no se originó directamente en un sistema de vigilancia.
Inteligencia de código abierto y anomalías físicas
Los investigadores emplean técnicas de inteligencia de código abierto (OSINT) para buscar versiones anteriores del vídeo. Un agente de IA encuentra rápidamente una copia publicada antes de la descarga policial, lo que demuestra que probablemente fue grabada con un teléfono. La clave para descubrir la verdad reside en la física del engaño. El notario busca anomalías: luces que no deberían estar allí, sombras que no coinciden con el entorno. El vídeo revela un brillo rítmico, lo que indica que fue filmado desde una pantalla, no capturado directamente desde una cámara.
Marcas de agua, artefactos y detalles forenses
Un análisis más detallado implica buscar marcas de agua, como SynthID de Google DeepMind, que puede identificar contenido generado por IA. Aunque a menudo se borran o dañan mediante la compresión y la edición, es posible que queden rastros. El notario también pasa el video a través de detectores de deepfake como Reality Defender, señalando anomalías alrededor del rostro del tirador. El acercamiento revela una sutil desalineación de los rasgos faciales, lo que sugiere manipulación.
El cálculo final: la verdad revelada
El notario compara las imágenes con otras pruebas: la mujer confirma que su hijo es diestro, mientras que el vídeo muestra a un tirador zurdo. Las mediciones del ángulo de la cámara revelan que el tirador es más alto que el acusado. El vídeo no es una invención de la escena en sí, sino un deepfake: el rostro del hijo fue clonado y superpuesto al tirador, luego grabado desde una pantalla para eliminar rastros de generación de IA. El falsificador incluso falsificó inteligentemente credenciales de contenido para crear un certificado de autenticidad falso.
En un mundo donde la realidad misma puede fabricarse, la ciencia forense digital ya no se trata de demostrar culpabilidad o inocencia, sino de preservar el concepto mismo de verdad. El notario de la realidad será un guardián contra el engaño, asegurando que la evidencia siga siendo confiable en la era de los deepfakes.
