El cerebro humano no registra la realidad como una cámara. En cambio, construye activamente recuerdos, influenciados por los prejuicios, el contexto e incluso la forma en que se presenta un video. Este defecto fundamental en la percepción tiene profundas implicaciones para la justicia, el testimonio de los testigos presenciales y nuestra confianza en la evidencia visual.
El caso de la Corte Suprema que expuso el problema
En 2007, la Corte Suprema escuchó Scott v. Harris, un caso centrado en las imágenes de la cámara del tablero de un tablero de una persecución policial a alta velocidad. El video mostró a un oficial chocando su auto contra el vehículo de un sospechoso, dejando al conductor paralizado. Los tribunales inferiores fallaron a favor del conductor, pero la Corte Suprema revocó la decisión y declaró que el sospechoso era una “amenaza inminente” basándose en las mismas imágenes. El juez John Paul Stevens no estuvo de acuerdo, argumentando que el video respaldaba la decisión de los tribunales inferiores. Este caso resalta una verdad crucial: el mismo video puede interpretarse de manera dramáticamente diferente.
No se trata de incompetencia; se trata de cómo funcionan los cerebros.
Cómo nuestros cerebros malinterpretan el vídeo
La ciencia revela varias distorsiones clave:
- Sesgo de cámara lenta: Ver eventos en cámara lenta puede hacer que las acciones parezcan más deliberadas y agresivas.
- Sesgo de perspectiva de la cámara: Enmarcar el rostro de un sospechoso durante un interrogatorio hace que las confesiones parezcan más voluntarias.
- Contaminación de la memoria: El simple hecho de hablar de un evento con otras personas puede distorsionar la memoria y mezclar los recuerdos.
- La reconstrucción del cerebro: No reproducimos recuerdos; los reconstruimos a partir de fragmentos, lo que hace que un recuerdo preciso no sea fiable.
- Primacía visual: El cerebro prioriza la información visual sobre el audio, lo que hace que el vídeo parezca más confiable incluso si es falso.
Los prejuicios y las creencias dan forma a la percepción
Incluso las imágenes neutrales se filtran a través de creencias preexistentes. Las personas que simpatizan con las fuerzas del orden tienen más probabilidades de considerar justificadas las acciones de un oficial. Las opiniones firmes sobre cuestiones divisivas (aborto, pena capital) también distorsionan las interpretaciones.
Una encuesta de 2009 sobre el vídeo Scott v. Harris reveló marcadas divisiones ideológicas. Aquellos con fuertes creencias sobre la jerarquía social tenían más probabilidades de ponerse del lado de la opinión mayoritaria de la Corte Suprema. El asesinato de Renée Good a manos de un oficial de ICE en Minnesota es otro ejemplo en el que los prejuicios preexistentes de los espectadores moldean su interpretación del evento.
El auge de las falsedades generadas por la IA
El problema está aumentando. La inteligencia artificial ahora puede manipular imágenes y vídeos, implantando recuerdos falsos con una facilidad inquietante. Los estudios muestran que las personas recuerdan falsamente la presencia de sonrisas en los rostros cuando la IA alteró la imagen original para agregarlas. Esto plantea preguntas inquietantes sobre el futuro de la evidencia.
“La gente tiende intuitivamente a creer que el vídeo les da la realidad objetiva de lo que representa. Esto es realismo ingenuo.” – Neal Feigenson, profesor de derecho de la Universidad de Quinnipiac
¿Qué se puede hacer?
Para mitigar estas distorsiones:
- Reduzca la velocidad: interactúe con los videos de manera crítica, reconociendo que no son registros objetivos.
- Considere interpretaciones alternativas: Reconozca que las personas razonables pueden ver las cosas de manera diferente.
- Tenga cuidado con los prejuicios: Reconozca que sus propias creencias influyen en cómo percibe la evidencia visual.
La era de las pruebas infalibles en vídeo ha terminado. El cerebro no es un registrador; es un intérprete, y esa interpretación es falible.
