Adolescente mutilado por un oso hace 27.000 años: primera evidencia de ataque fatal

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Un nuevo análisis de un esqueleto de 27.000 años de antigüedad revela que un adolescente fue mutilado fatalmente por un oso, lo que proporciona una rara evidencia física de los peligros que enfrentaron los primeros humanos. A pesar de sus habilidades como cazadores, el Homo sapiens también enfrentó la depredación de animales poderosos como los osos de las cavernas y los gatos con dientes de sable. Este descubrimiento, publicado en el Journal of Anthropological Sciences, es significativo porque tales eventos rara vez se registraron en el registro arqueológico; Por lo general, los carnívoros consumían a sus presas por completo o no dejaban rastros de interacción violenta.

El descubrimiento en la cueva de Arene Candide

Los restos, apodados “Il Principe” (“El Príncipe”) debido a los ricos artefactos funerarios, fueron excavados por primera vez en 1942 en la cueva Arene Candide en Italia. Teorías anteriores sugerían un ataque de animal, pero un reexamen reciente utilizando un aumento óptico avanzado confirmó lesiones traumáticas graves compatibles con el ataque de un oso.

La naturaleza del ataque

El adolescente sufrió heridas catastróficas, entre ellas:
– Una mandíbula desalojada
– Un surco profundo en el cráneo.
– Una clavícula rota
– Una marca de mordisco en el tobillo derecho.
– Fractura en el dedo meñique del pie izquierdo.

El autor principal del estudio, Vitale Stefano Sparacello, señala que las lesiones sugieren que el oso veía al niño como una amenaza en lugar de una presa, ya que estos osos tenían una dieta principalmente basada en plantas. La falta de curación ósea indica que el niño soportó días de dolor agonizante antes de sucumbir a sus heridas.

¿Entierro ritual como respuesta a la violencia?

La naturaleza elaborada del entierro de “Il Principe”, completo con un gorro de concha tejido a mano, cuchillos y otros objetos rituales, sugiere que la comunidad pudo haber tenido la intención de protegerse de futuras desgracias. Según Christopher J. Knüsel, antropólogo biológico de la Universidad de Burdeos, estos entierros estaban destinados tanto a los vivos como a los muertos.

Este caso es particularmente digno de mención porque humaniza una época ya desaparecida. Lawrence Straus, profesor emérito de antropología en la Universidad de Nuevo México, lo llama “un vistazo a la humanidad de quienes vivieron durante la última edad de hielo”. Los hallazgos subrayan que incluso los cazadores expertos enfrentaron encuentros brutales con la naturaleza, y sus comunidades respondieron a tal violencia con rituales y recuerdos.