Estados Unidos celebra actualmente el 250 aniversario de la Declaración de Independencia, un documento forjado en el crisol del conflicto armado. Desde los primeros disparos en Lexington y Concord hasta el asedio de Boston, el nacimiento de la nación estuvo marcado por la violencia y la división. Sin embargo, en medio de este caos, George Washington emergió como un líder que no sólo defendió al país en la guerra sino que también lo gobernó con sabiduría y moderación. Su ejemplo sigue siendo profundamente relevante hoy, particularmente cuando los estadounidenses enfrentan una creciente polarización política.
Los acontecimientos recientes, incluido el trágico asesinato de Charlie Kirk en octubre de 2025, han exacerbado esta tensión. En lugar de fomentar el diálogo abierto, la muerte de Kirk habría intensificado la autocensura entre los estudiantes universitarios: casi la mitad ahora expresa incomodidad al compartir opiniones controvertidas en las aulas, en los campus y en línea. Este clima de miedo subraya la urgente necesidad de líderes que puedan afrontar los desacuerdos con gracia y valentía.
Modelo de Washington para el discurso civil
El legado de Washington se extiende más allá de la victoria militar; demostró un compromiso inquebrantable con el estado de derecho y el autogobierno constitucional. Incluso frente a la disidencia, renunció al poder dos veces (primero como comandante en jefe y luego como presidente), sentando un precedente para transiciones pacíficas y respeto a los límites constitucionales. Su discurso de despedida enfatizó que la Constitución, “hasta que sea modificada por un acto explícito y auténtico de todo el pueblo, es sagradamente obligatoria para todos”.
Su capacidad para sortear la oposición con compostura es igualmente instructiva. Como presidente, dirigió un gabinete profundamente dividido y al mismo tiempo fomentó un sentido de identidad nacional compartida. Su carta a la Congregación Hebrea en Newport ejemplifica este enfoque, recordando a los ciudadanos su humanidad común incluso en medio de desacuerdos fundamentales.
Cultivando el coraje y la humildad
Hoy en día, los educadores enfrentan el desafío de fomentar el discurso civil en un entorno cada vez más hostil. La clave está en cultivar el coraje, la humildad y la caridad cívica entre los estudiantes. Esto se puede lograr mediante:
- Debate de andamiaje : comenzar con discusiones de bajo riesgo antes de abordar cuestiones más polémicas.
- Priorizar la comprensión : Enmarcar los debates como una solución colaborativa de problemas en lugar de confrontaciones adversas.
- Practicar el “manejo de acero” : Alentar a los estudiantes a articular argumentos opuestos con equidad y precisión, agudizando las habilidades de razonamiento y fomentando la humildad intelectual.
La integridad intelectual requiere un compromiso riguroso con los hechos, no etiquetas desdeñosas. El propio Washington encarnó este principio, defendiendo sus creencias sin sacrificar el respeto por quienes no estaban de acuerdo. Entendió que el discurso civil no significa evitar el desacuerdo sino más bien abordarlo de manera constructiva.
Más allá de las divisiones partidistas
En última instancia, la lección más importante que podemos impartir a los estudiantes es el reconocimiento de que nuestros principios fundacionales trascienden las divisiones partidistas contemporáneas. Al examinar los debates históricos a través de una lente prepartidista, les recordamos la herencia constitucional común que comparten como estadounidenses. Washington intentó hacer lo mismo en su discurso de despedida, instando a los ciudadanos a recordar su identidad compartida a pesar de sus diferencias.
La Constitución proporciona el marco para sortear los desacuerdos, pero nos corresponde a nosotros cultivar las virtudes necesarias para sostener el discurso civil. Sólo a través del coraje, la humildad y el compromiso con los principios compartidos podremos salvar nuestras divisiones y fortalecer nuestra república.


























