Los científicos han identificado un mecanismo biológico clave que le indica al cuerpo cuándo dejar de rascarse, incluso cuando lo impulsa una picazón intensa. La investigación, presentada en la Reunión Anual de la Sociedad Biofísica, arroja luz sobre cómo el sistema nervioso regula el comportamiento de rascado y podría allanar el camino para mejores tratamientos para las afecciones crónicas con picazón que afectan a millones de personas.
Picazón crónica: un problema generalizado
La picazón crónica no es sólo una molestia menor. Es un síntoma debilitante de afecciones como el eccema, la psoriasis y la enfermedad renal, que afectan significativamente la calidad de vida. Comprender las señales precisas que controlan el rascado es crucial porque el rascado incontrolado puede provocar daños en la piel, infección y un círculo vicioso de empeoramiento de la picazón.
El papel de los canales iónicos TRPV4
Investigadores de la Universidad de Lovaina (Bélgica) descubrieron que un canal iónico específico, TRPV4, desempeña un papel inesperado pero vital en la regulación del picor. Los canales iónicos son puertas moleculares dentro de las neuronas sensoriales que detectan estímulos físicos y químicos: temperatura, presión y estrés. Se sospechaba que TRPV4 participaba en la picazón, pero su función exacta no estaba clara.
El equipo diseñó ratones genéticamente para eliminar TRPV4 específicamente en las neuronas sensoriales. Descubrieron que estos ratones se rascaban con menos frecuencia, pero cuando lo hacían, lo hacían durante períodos significativamente más largos.
Hallazgos paradójicos: la señal de “dejar de rascarse”
Este resultado aparentemente contradictorio reveló algo esencial: TRPV4 no causa picazón; ayuda a desencadenar una señal de retroalimentación negativa que le indica al cerebro y a la médula espinal que se ha rascado lo suficiente. Sin TRPV4, la sensación de alivio disminuye y el rascado continúa excesivamente.
“Cuando nos rascamos una picazón, en algún momento paramos porque hay una señal de retroalimentación negativa que nos dice que estamos satisfechos”, explica la coautora del estudio, Roberta Gualdani. “Sin TRPV4, los ratones no sienten esta retroalimentación, por lo que continúan rascándose mucho más tiempo de lo normal”.
Implicaciones para tratamientos futuros
Si bien bloquear TRPV4 por completo no es una solución viable, la investigación apunta hacia el desarrollo de terapias más específicas. Los tratamientos futuros pueden centrarse en modular la actividad de TRPV4 específicamente en la piel, sin interferir con mecanismos neurológicos más amplios. El objetivo es restaurar la señal natural del cuerpo de “dejar de rascarse”, proporcionando un alivio duradero sin efectos secundarios.
Este descubrimiento representa un importante paso adelante en la comprensión de la regulación del picor y en el desarrollo de tratamientos más eficaces para quienes padecen picor crónico.


























