Durante décadas, la imagen de un gran tiburón blanco huyendo aterrorizado de una orca (ballena asesina) ha dominado la narrativa de la dinámica de los superdepredadores en el océano. Si bien se sabe que las orcas cazan y matan tiburones blancos, lo que las convierte en el único depredador constante capaz de hacerlo, una nueva investigación revela que las desapariciones de tiburones no siempre son provocadas por estos ataques.
La relación orca-tiburón: una historia de miedo
El poder de la interacción orca-tiburón quedó claramente claro en 2015, cuando unos turistas que buceaban en jaulas cerca de las islas Neptuno de Australia presenciaron cómo una manada de orcas aparentemente mataba a un gran tiburón blanco. Después de este evento, los tiburones desaparecieron de la zona durante aproximadamente dos meses. Esto reforzó la idea de que las orcas pueden ahuyentar a los tiburones, incluso durante períodos prolongados. Se han observado patrones similares en Sudáfrica, lo que lleva a los científicos a creer que la depredación de las orcas es un factor importante en la salida repentina de tiburones de los sitios de recolección costeros.
Desafiando la narrativa: los datos a largo plazo revelan matices
Sin embargo, un estudio reciente publicado en Wildlife Research ofrece un contrapunto crítico. Los investigadores, dirigidos por Charlie Huveneers de la Universidad de Flinders, analizaron más de una década de registros de seguimiento acústico y avistamientos turísticos. Sus hallazgos sugieren que pueden ocurrir ausencias prolongadas de tiburones blancos sin la presencia de orcas.
El equipo registró seis desapariciones prolongadas de tiburones a lo largo de doce años, y sólo una coincidió con actividad documentada de orcas. Esto contradice estudios anteriores, que se basaban en gran medida en datos de observación aislados. Huveneers explica: “Las orcas no son siempre, ni las únicas, causantes de las largas ausencias de los tiburones blancos”.
Más allá de la depredación: salidas naturales y factores ambientales
La ausencia más larga registrada en el estudio se produjo en ausencia total de orcas, lo que demuestra que los tiburones a veces abandonan una región por otras razones. Las salidas a corto plazo pueden ser provocadas por señales ambientales o incluso señales químicas liberadas por tiburones muertos (necromonas). Esto sugiere que los tiburones pueden irse debido a fluctuaciones naturales en la disponibilidad de presas, la temperatura del agua u otros factores ambientales, no solo por miedo a la depredación.
Los investigadores enfatizan la necesidad de un seguimiento a largo plazo para comprender el comportamiento de los tiburones. La desaparición de las Islas Neptuno, que alguna vez se supuso que fue impulsada por las orcas, puede haber sido un evento natural después de todo.
“Este estudio destaca la importancia del seguimiento a largo plazo para comprender los movimientos de los tiburones blancos y la fidelidad del sitio, al tiempo que cuestiona la idea de que las orcas son siempre o las únicas responsables de las ausencias prolongadas de tiburones”, concluye la científica marina Lauren Meyer.
En última instancia, los nuevos datos proporcionan una visión más compleja de las relaciones depredador-presa en el océano. Si bien las orcas sin duda pueden influir en el comportamiento de los tiburones, su papel no siempre es tan dominante como se pensaba anteriormente. Es posible que los tiburones simplemente sigan sus propios patrones, impulsados por factores que van más allá de la amenaza de un ataque de orca.


























