El sistema solar exterior alberga una población peculiar de objetos: restos de su historia temprana a escala kilométrica que se asemejan a cacahuetes o muñecos de nieve vagamente ensamblados. Estos “planetesimales” de formas extrañas, abundantes en el cinturón de Kuiper más allá de Neptuno, han desconcertado a los astrónomos durante mucho tiempo. Una nueva investigación sugiere que no se formaron a partir de esferas en colisión, sino que se fusionaron directamente a partir del colapso de nubes de polvo y hielo. Este descubrimiento ofrece una comprensión más profunda de cómo surgieron los planetas, incluida la Tierra.
El misterio de los objetos con forma de maní
Durante años, la teoría prevaleciente sugirió que estos “binarios de contacto” se formaron cuando dos cuerpos helados separados giraron en espiral entre sí y finalmente se fusionaron después de un impacto indirecto. Sin embargo, las simulaciones mostraron que este proceso habría sido demasiado lento para dar cuenta de la gran cantidad de estos objetos observados. El último estudio, publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, ofrece una nueva explicación: estos objetos se formaron al unísono, directamente a partir del colapso gravitacional de densas nubes de polvo en el sistema solar primitivo.
Cómo funcionan las simulaciones
Investigadores de la Universidad Estatal de Michigan utilizaron informática de alta potencia para simular el colapso de nubes de polvo virtuales, dividiéndolas en pequeños trozos y modelando sus interacciones. Aproximadamente el 4% de estas simulaciones dieron como resultado la formación de binarias de contacto, un porcentaje menor que el observado en el Cinturón de Kuiper, pero aún así es la primera vez que tales objetos se producen directamente a partir del colapso de una sola nube.
La idea clave es que el sistema solar primitivo no era sólo un disco plano. Enjambres de guijarros más densos dentro de ese disco también colapsaron bajo la gravedad, formando estos planetesimales. El Cinturón de Kuiper, esencialmente una instantánea congelada de ese período de formación temprana, preserva estos objetos en un estado en el que rara vez chocan y se fusionan en cuerpos más grandes.
Por qué esto es importante
Comprender cómo se formaron estos objetos con forma de maní arroja luz sobre los procesos fundamentales de la formación de planetas. El sistema solar primitivo era caótico, con innumerables enjambres de polvo y hielo que colapsaban bajo su propia gravedad. El Cinturón de Kuiper, una región relativamente tranquila, conserva estos primeros componentes básicos. Al estudiarlos, los astrónomos obtienen información sobre cómo la Tierra y otros planetas se ensamblaron a partir de las mismas materias primas hace miles de millones de años.
Preguntas restantes
Si bien las nuevas simulaciones son prometedoras, no son perfectas. Algunos modelos luchan por reproducir el “cuello” estrecho que se ve en Arrokoth, el ejemplo mejor estudiado de estos objetos. Las simulaciones también tienden a producir binarios que giran más rápido de lo observado. Además, los científicos reconocen que la prevalencia observada de estas formas en el Cinturón de Kuiper es mayor de lo que sugieren las simulaciones actuales, lo que implica que se necesita un mayor refinamiento.
En última instancia, estos hallazgos representan un importante paso adelante para desentrañar los misterios de los orígenes de nuestro sistema solar. Al combinar modelos teóricos con datos de observación, los astrónomos están reconstruyendo lentamente la historia de cómo surgieron los planetas (y sus peculiares componentes básicos).
