Durante décadas, el sonido distintivo del relincho de un caballo ha desconcertado a los científicos. Ahora, un nuevo estudio revela que los caballos producen esta llamada única combinando dos mecanismos vocales distintos: canto y silbido simultáneos. Los hallazgos, publicados en Current Biology, explican cómo los caballos generan ruidos de baja frecuencia y silbidos agudos dentro de su laringe, o laringe, al mismo tiempo.
Cómo producen los caballos relinchos
Los investigadores descubrieron que los caballos crean relinchos al hacer vibrar sus cuerdas vocales (produciendo un sonido de baja frecuencia de alrededor de 200 hercios) mientras también silban dentro de la laringe (generando un sonido de alta frecuencia que supera los 1000 hercios). Esto es inusual: los animales más grandes suelen producir frecuencias más bajas, mientras que los más pequeños silban. Los caballos, sin embargo, parecen ser los únicos capaces de hacer ambas cosas a la vez.
“Por fin sabemos cómo los caballos producen las dos frecuencias fundamentales que componen un relincho”, explica Élodie Briefer, coautora del estudio de la Universidad de Copenhague.
Por qué esto es importante
La capacidad de producir dos frecuencias simultáneamente puede permitir a los caballos transmitir múltiples mensajes en una sola llamada. Esto podría explicar por qué los relinchos transmiten señales emocionales complejas: las diferentes frecuencias pueden representar urgencia, ubicación o incluso identidad individual. La investigación respalda la idea de que las vocalizaciones de los caballos son más sofisticadas de lo que se pensaba anteriormente.
Sue McDonnell, experta en comportamiento equino de la Universidad de Pensilvania (que no participó en el estudio), califica los hallazgos como un “artículo histórico” que inspirará futuras investigaciones sobre la comunicación de los caballos.
En esencia, los caballos no sólo hacen ruido; hablan en un lenguaje complejo y estratificado que apenas estamos empezando a comprender.
Este descubrimiento subraya la importancia de seguir estudiando las vocalizaciones de los animales, ya que revela que incluso los sonidos aparentemente simples pueden contener información sorprendentemente rica.


























