La suplantación de GPS interrumpe el transporte marítimo en el Estrecho de Ormuz

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El Estrecho de Ormuz, una vía fluvial fundamental para el transporte mundial de petróleo, está experimentando una interferencia generalizada del GPS, lo que obliga a los barcos a navegar mediante la vista en lugar de depender de la tecnología moderna. Durante las últimas dos semanas, coincidiendo con el aumento de las tensiones en la región, miles de buques han informado lecturas imposibles: superpetroleros que aparecen tierra adentro, buques de carga que cruzan aeropuertos y buques portacontenedores a la deriva a través de instalaciones nucleares. Esta interrupción ha paralizado prácticamente el transporte marítimo comercial a través del estrecho, que maneja aproximadamente el 20% del petróleo mundial.

La causa principal no son sólo los ataques físicos, sino también la suplantación de GPS : la transmisión deliberada de señales de satélite falsas. Esto expone una debilidad fundamental en la infraestructura global. La tecnología que sustenta la navegación moderna es sorprendentemente vulnerable y la reciente escalada del conflicto ha exacerbado el problema. Las tripulaciones se han visto obligadas a volver a métodos más antiguos, pero el verdadero peligro radica en el efecto en cascada que tendrían otros barcos que dependen de datos AIS (Sistema de Identificación Automática) comprometidos.

La mecánica del engaño

Todd Humphreys, profesor de ingeniería aeroespacial de la Universidad de Texas en Austin, cree que Irán es responsable de gran parte de la suplantación. La táctica no sólo afecta al propio GPS de un barco; Manipula el AIS y transmite ubicaciones falsas. Estos patrones, a veces descritos como “círculos en las cosechas”, probablemente sean una configuración predeterminada en dispositivos de suplantación de identidad económicos. Es probable que el equipo en sí esté desplegado desde torres o globos atados a lo largo de la costa iraní, transmitiendo señales que imitan satélites legítimos.

El problema no es que los capitanes no puedan navegar sin GPS: las tripulaciones experimentadas pueden utilizar señales visuales, radar y comparación de costas. El problema crítico es que el AIS de cada barco también está comprometido, transmitiendo datos incorrectos a otros barcos. En la parte más estrecha del Estrecho, por donde transitan diariamente entre 130 y 150 grandes barcos, esto crea caos. Los capitanes no pueden evaluar con precisión la posición, velocidad o trayectoria de otras embarcaciones, lo que hace que la navegación sea demasiado arriesgada para muchos.

Una vulnerabilidad armada

La suplantación de GPS se ha convertido en una potente herramienta en los últimos años. Lo que comenzó como una vulnerabilidad teórica demostrada en 2008 se ha convertido en una táctica desplegada. Rusia comenzó a utilizar la suplantación de identidad alrededor de 2016 para protegerse contra los asesinatos con drones, mientras que Israel la implementó ampliamente en 2024 para contrarrestar misiles, interrumpiendo servicios desde aplicaciones de citas hasta entregas.

La situación en el Estrecho de Ormuz es única porque la industria naviera depende de tecnología obsoleta. Muchos receptores de GPS tienen más de una década y utilizan señales de GPS estadounidenses de frecuencia única, mientras que los teléfonos inteligentes ahora acceden a múltiples constelaciones y frecuencias de satélites. Los barcos más nuevos están adoptando sistemas más resistentes, pero modernizar las flotas existentes es lento y costoso.

Sistemas de navegación alternativos

Los investigadores están explorando métodos de navegación alternativos, como explotar “señales de oportunidad” de torres de telefonía móvil, satélites Starlink e incluso satélites meteorológicos. Zak Kassas, de la Universidad Estatal de Ohio, ha demostrado una precisión submétrica solo con señales celulares, navegando un dron y un vehículo terrestre durante una interferencia intencional del GPS. Este enfoque, denominado “seguridad por diversificación”, aprovecha el espectro más amplio y la mayor potencia de estas señales alternativas.

Sin embargo, la implementación práctica se ve obstaculizada por restricciones regulatorias. Las compañías de seguros pueden negar pagos por accidentes si las tripulaciones dependen de sistemas no aprobados, dejando sin utilizar soluciones potencialmente confiables.

El derecho internacional prohíbe la interferencia perjudicial con las señales de radionavegación, pero los militares mantienen lagunas por necesidad táctica. Israel, Rusia, Ucrania y Estados Unidos han intervenido en interferencias y suplantaciones de GPS, lo que indica un creciente desprecio por las normas establecidas.

La situación actual equivale a una situación de “todos contra todos”, que debilita la seguridad del transporte en todo el mundo.

La dependencia de una tecnología GPS obsoleta y vulnerable plantea una amenaza a largo plazo para el transporte marítimo mundial. Hasta que la industria adopte sistemas más resilientes, el Estrecho de Ormuz –y otras vías navegables críticas– seguirán siendo susceptibles a sufrir alteraciones.