En el mundo en rápida expansión de las personas influyentes en el bienestar y las tendencias de las redes sociales, distinguir entre ciencia nutricional legítima y “pseudociencia” es cada vez más difícil. Dos sustancias que actualmente ocupan un importante espacio digital son la creatina, un potenciador del rendimiento bien documentado, y el azul de metileno, un tinte sintético que se comercializa como potenciador cognitivo.
Si bien ambos se discuten con frecuencia al mismo tiempo, la ciencia sugiere que pertenecen a categorías completamente diferentes de eficacia y seguridad.
Creatina: la “batería de respaldo” para las células humanas
A diferencia de muchos suplementos que se basan en afirmaciones anecdóticas, la creatina está respaldada por décadas de investigaciones rigurosas, incluidos ensayos controlados aleatorios: el estándar de oro de la evidencia científica.
Cómo funciona:
La creatina es un compuesto natural que ayuda a mantener los niveles de energía dentro de nuestras células. Funciona de manera similar a una batería de respaldo para el trifosfato de adenosina (ATP), la principal fuente de energía del cuerpo. Cuando el cuerpo realiza una actividad física intensa, consume ATP rápidamente. La creatina se convierte en fosfocreatina, lo que ayuda a reponer los niveles de ATP casi instantáneamente.
Los beneficios comprobados incluyen:
– Rendimiento atlético: Mejora la fuerza, la potencia y el movimiento explosivo en atletas de alto rendimiento.
– Mantenimiento muscular: Ayuda a los adultos mayores a mantener la masa muscular, que es un factor crítico para la longevidad a largo plazo.
– Recuperación y protección: Puede ayudar en la prevención y rehabilitación de lesiones.
– Posible apoyo cognitivo: Algunas investigaciones sugieren que puede proteger el cerebro durante períodos de bajo flujo sanguíneo (isquemia), como durante un derrame cerebral o una conmoción cerebral, aunque se necesitan más estudios en humanos para confirmar esto.
La letra pequeña sobre la creatina:
Para ver resultados, los expertos señalan que los usuarios deben limitarse al monohidrato de creatina pura en forma de polvo; otras variaciones carecen de verificación científica. Además, a pesar de los mitos comunes en las redes sociales sobre los calambres musculares, una revisión masiva de 685 ensayos clínicos en los que participaron 26.000 personas no encontró un aumento significativo del riesgo de tales efectos secundarios.
Azul de metileno: alto potencial, baja prueba
Si bien la creatina es un elemento básico de la nutrición basada en evidencia, el azul de metileno es un tema mucho más controvertido. Es un tinte sintético utilizado desde la década de 1870 y tiene aplicaciones médicas legítimas, como el tratamiento de la metahemoglobinemia (un trastorno sanguíneo poco común) y la lucha contra los parásitos de la malaria.
Sin embargo, su repentina popularidad como “nootrópico” (un potenciador cognitivo) carece de la base científica de la que goza la creatina.
El estado actual de la investigación:
– Estudios en animales versus humanos: Gran parte del entusiasmo que rodea al azul de metileno se debe a su potencial para tratar el Alzheimer al interactuar con las proteínas tau. Sin embargo, la mayor parte de esta investigación se ha realizado en animales.
– Falta de evidencia clínica: Los ensayos en humanos son actualmente demasiado pequeños y solo han mostrado efectos insignificantes. Aún no hay pruebas convincentes de que proporcione un impulso cognitivo significativo a la persona sana promedio.
– Preocupaciones de seguridad: El azul de metileno conlleva riesgos importantes, especialmente para personas que toman antidepresivos o ciertos medicamentos psiquiátricos, debido a posibles interacciones medicamentosas peligrosas.
La trampa de la “pseudociencia”
La superposición de estas dos sustancias en el discurso en línea pone de relieve una tendencia creciente: el “encubrimiento” de la pseudociencia en el lenguaje científico. Los influencers a menudo combinan sustancias probadas como la creatina con otras no probadas como el azul de metileno para crear una sensación de legitimidad, lo que dificulta a los consumidores discernir qué es una necesidad biológica y qué es un truco de marketing.
“Ellos [los productores de pseudociencia] han aprendido a disfrazarse de ciencia. Pueden sonar muy seductores y son muy hábiles para engañar a la gente”. — Joe Schwarcz, Director de la Oficina de Ciencia y Sociedad de la Universidad McGill
Conclusión:
Si bien la creatina es una herramienta científicamente validada para la salud física y potencialmente cognitiva, el azul de metileno sigue siendo una sustancia no probada y potencialmente riesgosa para la mejora cognitiva. Los consumidores deberían priorizar las sustancias respaldadas por ensayos clínicos en humanos a gran escala en lugar de las tendencias de las redes sociales.

























